sábado, 18 de mayo de 2013

VIOLENCIA CALLEJERA


 
              Desde que el Partido Popular ganó las elecciones generales se ha abierto la veda de las huelgas y las manifestaciones. Algunos comentaristas políticos de buena memoria recuerdan que, cuando el partido socialista pierde en las urnas, gana la calle.

            Lo mismo sirve la guerra de Irak, la marea negra del Prestige, la Ley de Educación, el Metro de Madrid, o lo que se tercie. Siempre habrá un culpable en el gobierno a quien colgarle el muerto y por consiguiente justificar las huelgas y manifestaciones.

            Pero no siempre se trata de una cuestión relevante, que podrían ser objeto de contestación pública. Miles de manifestaciones en Madrid en lo que va de año, no pueden obedecer a razones de peso, sino a motivaciones forzadas. Se trata de eso, de tomar la calle, una vez perdidas la urnas.

             Hay que reconocer que la izquierda, será por la práctica, lo hace muy bien. Sabe sumar efectivos provenientes de los minoritarios grupos ácratas, okupas, movimientos sociales nacidos en defensa de cualquier causa justa, como los desahucios, que se convierten en causa justa solo cuando gobiernan los de enfrente.

              Los socialistas, cuando gobiernan o donde gobiernan, pueden privatizar la gestión de los hospitales públicos, pero se convierte en un tremendo recorte de derechos sociales si se le ocurre a un gobierno distinto.

            A pesar de lo dicho hasta aquí, el derecho de manifestación o de huelga (¿para cuándo una Ley de Huelga?), debe estar garantizado y ejercido, con razón o sin ella, siempre que los convocantes piensen que la tienen, pero cumpliendo escrupulosamente las normas establecidas por el Parlamento, donde reside la soberanía nacional.

          El problema no es la abundancia, el abuso diría yo, si no fuera por las consecuencias que en muchos casos tienen para el resto de los ciudadanos a quienes se impide desarrollar su vida con normalidad, el problema es la violencia con la que se desarrollan o terminan muchas de estas manifestaciones o huelgas. Un día lo lamentaremos todos, porque no creo que sea eso lo que buscan algunos extremistas infiltrados.

             No me estoy inventando nada. Escribo este artículo mientras oigo en una televisión, nada menos que a un catedrático de ciencias políticas, defender el uso de la fuerza, de la violencia, como hicieron los revolucionarios de muchos países, y citando expresamente los sans-culottes de la revolución francesa.

             Algunos líderes de organizaciones de estudiantes, que ni siquiera están matriculados en una asignatura, son auténticos agitadores que viven de eso, con largos historiales de violencia, que defienden públicamente, aunque justificándola con la violencia policial, siempre, en su versión de los hechos, provocadora y desproporcionada.

             Todo esto no es casual, sino que obedece a un plan bien trazado y ejecutado, con objetivos muy claros que no ocultan, como la monarquía, la Iglesia Católica, la banca, la democracia...con ataques abiertos y públicos. Los errores ajenos, que siempre los hay, son siempre magnificados y explotados, mientras se ignoran o tapan los propios.

               Esa democracia que dicen defender se gana en las urnas, no en la calle, salvo que lo que se persigue no sea preservar el sistema democrático sino su destrucción. Si así fuera, si realmente defendieran la democracia, la restauración de la II República, cuya bandera preside masivamente todas estas manifestaciones, si de verdad, como dicen, representaran al pueblo oprimido por el capitalismo, tendrían asegurada una mayoritaria victoria electoral.

                 La violencia verbal o física, el insulto, la ofensa grave contra  políticos, instituciones y fuerzas de orden, o la destrucción de mobiliario urbano, escaparates, vehículos o bienes públicos o privados, son el primer capítulo del manual revolucionario que solo busca provocar  reacciones violentas que sirvan de justificación.

                  Una minoría violenta bien adiestrada, sin escrúpulos, está arrastrando por un precipicio, sin frenos, a muchas buenas personas de las que aprovechan su justa indignación. Los veo en manifestaciones, a veces con niños, portando una bandera que seguramente han puesto en sus manos y de cuyo significado apenas conoce lo más elemental, y siento indignación y pena.

                 Viví en primera línea la revolución checoslovaca de 1989, estando presente en la Plaza de Wenceslao y Parque Letná, junto al Estadio del Sparta de Praga, en las concentraciones diarias de casi un millón de personas, Nunca se produjo ni un solo acto de violencia, ni verbal siquiera, y solo aclamaciones a Václav Havel (el forzado líder que necesitaban) y peticines de salida de los comunistas del Gobierno.

                   Aplausos, vítores y críticas de una masa enfervorizada, pero pacífica, sin muestras de violencia y con un sentido cívico envidiable. Se decía, y creo que era cierto, que tras las manifestaciones no quedaba ni un papel en el suelo. Presencié la llegada de una ambulancia para recoger a una persona que sufrió un desmayo, y como se abría un pasillo entre los manifestantes para facilitar la maniobra. Por estas latitudes, los latinos somos de otra forma, tenemos la sangre más caliente y, terminados los argumentos, todo lo resolvemos con violencia, de la verbal a la física en una espiral que a veces tiene graves consecuencias.

                   Los checoslovacos lograron su propósito, eran mayoría y el férreo sistema comunista (Havel estaba más tiempo en la cárcel que en su casa) no permitía otro tipo de contestación. Nosotros no somos checoslovacos y nuestro sistema político democrático tiene cauces legales para los cambios de Gobierno. La violencia descontrolada de unas minorías puede derivar en graves disturbios que solo servirán para que víctimas inocentes paguen las consecuencias, pero ningún logro político.

sábado, 11 de mayo de 2013

SE EQUIVOCA EL PSOE

Publicado en el Diario de Cádiz, el sábado 11 de Mayo de 2013
 
LA encuesta del CIS realizada entre el 1 y 8 de abril le da al PSOE una intención de voto del 28,2 por ciento, cinco décimas menos que el 28,7 obtenido en las elecciones del 20N. Prácticamente, en el año y medio transcurrido, no ha logrado recuperar votantes, si acaso, alguna leve mejora temporal para volver a caer a lo que parece ser su suelo.

No contestan o se abstienen un 44,2 por ciento de los encuestados. También el PP se estabiliza en el 34 por ciento, diez puntos menos que en las generales de 2011, pero este desgaste es explicable por su acción de gobierno, forzado a tomar medidas muy impopulares.

Ya sabemos que a dos años y medio de las próximas elecciones generales estos datos tienen un valor relativo y todo puede cambiar y mucho, pero es llamativo que con la que sigue cayendo, los populares continúen con seis puntos de ventaja.

El éxito del PP se debió, en gran parte, a la nefasta gestión socialista y el rechazo que las urnas evidenciaron, pero, aparentemente, el PSOE ha hecho una lectura errónea de lo sucedido y comete dos errores graves que le impiden su recuperación.

Por una parte, mantiene los mismos dirigentes, incluido Pérez Rubalcaba, amortizados en la etapa Zapatero, lo que ha dado lugar a divisiones internas graves al no contar con un liderazgo claro y aceptado por todos. Aparecen nuevos aspirantes a la Secretaría General, y la nómina promete seguir aumentando, el PS de Cataluña hace la guerra por su cuenta, Griñan le entrega Andalucía a Izquierda Unida para conservar el sillón, y como partido líder de la oposición, consciente del escaso apoyo popular, no acaba de definir su política.

Es bien sabido que la alternancia en el Gobierno del PSOE y PP, lo es a base de ganar la voluntad de los indecisos. Cada partido tiene su techo natural, más numeroso en la izquierda, de incondicionales, de lo que podríamos llamar el voto ideológico. Las elecciones las gana quien convence al centro político y no quien se desplaza a los extremos, como está haciendo el PSOE con el resultado de un evidente ascenso progresivo de Izquierda Unida, como ya sucedió siempre que los socialistas se escoraron hacia sus vecinos de la izquierda.

domingo, 5 de mayo de 2013

RECTIFICAR...¿A TIEMPO?

 
                                   
            Europa sigue inmersa en una profunda crisis económica y política de la que ni los más optimistas se atreven a vaticinar su fin. Un final que se habrá llevado por delante millones de víctimas en personas, empresas e importantes  prestaciones sociales,  de cuya recuperación a niveles de 2008 no se tiene noticia.
        Alemania se sometió a unos ajustes presupuestarios importantes, quizás previendo lo que venía, unos años antes de la crisis, sin apenas haberse recuperado del inmenso esfuerzo económico que supuso su reunificación tras la caída del Muro de Berlín. Mientras, los países del sur seguían con el despilfarro de unas ganancias obtenidas mediante la especulación, sin una base industrial sólida ni un sistema bancario saneado.
         A partir del estallido de las hipotecas “subprime” en los Estados Unidos de Norteamérica a comienzos de 2007, se suceden hechos de extrema gravedad en el sistema bancario internacional, empezando por los propios Estados Unidos, cuya Reserva Federal comienza inyectando 400.000 Millones de Dólares tratando de salvar los muebles, pero no es más que el principio de una interminable cadena de rescates bancarios, quiebras y nacionalizaciones.
         Los impagos de hipotecas en EEUU en marzo de 2007 ya alcanzaban la cifra de seis millones de contratos por un importe de 600.000 Millones de Dólares. La Reserva Federal, el Banco Central   Europeo, el Banco de Japón y el Banco de Inglaterra acuden al rescate del sistema, pero a la crisis financiera se suma el estallido de la burbuja inmobiliaria, de magnitud muy superior a la vivida en 2001 con “las nuevas tecnologías “.
         La historia vivida por cada uno de los países afectados es de sobra conocida y las tremendas consecuencias para los ciudadanos también. Pero hay un hecho diferencial muy importante: Mientras Estados Unidos, Japón y Reino Unido cuentan con su propio banco central, una única política fiscal y financiera, en la Unión Europea no existe esa unidad fiscal ni financiera y mucho menos una unidad de criterio respecto a la función del Banco Central.
          Casi todos los países de la Zona Euro reaccionaron tarde, por ignorancia o arrogancia, y hoy nos encontramos con países rescatados, sistemas bancarios rescatados, deudas públicas y privadas de dimensiones incontrolables y recortes en prestaciones sociales sobre las clases medias de cada país, donde el desempleo crece sin control y se producen desahucios de viviendas y hasta suicidios de desesperación.  
         Alemania, que se adelantó al resto de países de la Zona Euro, es ahora quien dicta las normas, quien obliga a los países rescatados o en situación precaria a endurecer sus presupuestos con subidas de impuestos y recortes sociales.
         La receta impuesta por Bruselas para la reducción de la deuda acumulada, tiene dos vías: aumentar los ingresos a través de los impuestos y disminuir el gasto de las partidas presupuestarias más importantes, es decir recortes en educación, sanidad o prestaciones sociales.
          Los resultados están a la vista. Después de unos años de seguidismo de estas políticas impuestas, es cierto que se ha reducido el déficit presupuestario y la deuda pública, pero no en la proporción y a la velocidad que se esperaba y, a cambio,  se ha producido un aumento incesante del desempleo y de la pobreza, la destrucción de empresas y la emigración de los jóvenes mejor preparados a países de economías con tasas importantes de crecimiento.
          Desde siempre, pero ahora mucho más, hay voces que claman por un cambio de estas políticas de austeridad, o al menos hacerlas convivir con políticas de creación de empleo, de estimulo al desarrollo, al crecimiento y no a la recesión económica, políticas que atraigan inversores y empresas.
         Bien es sabido que el dinero acude, y acude masivamente, allá donde su rentabilidad sea máxima.
         Las cosas han llegado a un punto en el que solo gracias a la economía sumergida,  en proporciones cercanas el treinta por ciento del PIB, las subvenciones al desempleo y la solidaridad de familias y organismos no gubernamentales, mantienen a la sociedad empobrecida-
        Las leyes que regulan las relaciones laborales, una política fiscal menos gravosa para las empresas, periodos de carencia para nuevas inversiones, medidas favorecedoras  para la creación de empleo, deben ser ahora prioritarias en las políticas de los países que más sufren la crisis.
        Solo la unidad de criterio y acción de países como Francia, Italia, Portugal y España, frente al inmovilismo germano, puede dar resultados en esa dirección, sino seguiremos siendo países subsidiados a merced de quienes han comprado nuestra soberanía. El paro no crecerá mucho más, pero si la emigración, la economía sumergida, la pobreza…hasta donde la sociedad sea capaz de aguantar sin que líderes populistas  impulsen revueltas y actos de desobediencia civil.
        Urge la aplicación de políticas de desarrollo, si aún estamos a tiempo.

sábado, 27 de abril de 2013

TERRORISMO ACTIVO, ¿ESTAMOS SEGUROS?

Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 27 de abril de 2013

 
EN septiembre de 2010 publicaba en estas mismas páginas un artículo titulado 'Terrorismo Durmiente' sobre la detención de un marroquí de 27 años que llevaba, nada menos que siete años, integrado en la sociedad alicantina, empadronado en un pueblo agrícola de 2.400 habitantes, cuyo censo creció por la llegada de emigrantes de ese origen. Pertenecía a Protección Civil, y toda cuanta organización cívica le permitiera conocer a personas o lugares donde perpetrar sus proyectos criminales, pero algún error o precipitación llamó la atención de un vecino, éste lo comunicó a algún cuerpo de seguridad y a partir de ese momento sus movimientos, relaciones y actividades pasaron a estar controladas. Antes de que cometiera una acción terrorista irreparable, fue detenido.

En Boston, los hermanos Tsarnaev, de origen checheno, acaban de causar la muerte de tres personas, incluido un niño de 8 años, y más de 170 heridos. Tamerlan, el hermano mayor muerto, era vigilado desde 2011 como 'radical islamista', pero algo tan sencillo como el cambio en la grafía de su apellido, posiblemente involuntaria, tras un viaje de seis meses a Chechenia, fue suficiente para perderle la pista. Tras el atentado de Boston robaron un coche con el que, cargado con seis nuevos artefactos explosivos, se dirigian a Nueva York, siendo interceptados por la policia. Ambos hermanos tenían la nacionalidad norteamericana, eran universitarios y llevaban diez años de residencia en USA.

Pocos días más tarde, la policía canadiense detuvo a dos terroristas, residentes en Toronto y Montreal, frustrando un ataque contra un tren. Planeaban atentar contra el tren que hace el trayecto Toronto - Nueva York. Eran vigilados desde 2012 y componían una célula de Al Qaeda.

El pasado martes 23, se producen las detenciones en Zaragoza y Murcia de un argelino y un marroquí, respectivamente, como componentes de una célula de Al Qaeda del Magreb Islámico con sede en Mali. Ambos estaban bajo vigilancia desde hace dos años.

Hace pocos días una periodista, en entrevista para una televisión, tras casi una hora hablando de los servicios de inteligencia me preguntó: "¿Estamos seguros?".
 
Toda la seguridad que el impagable trabajo de los cuerpos de seguridad del Estado, los servicios de inteligencia y la colaboración ciudadana, con más 500 detenciones en los últimos años, son capaces de proporcionarnos.

miércoles, 24 de abril de 2013

MARGARET THATCHER



            Funeral de Estado para la primera mujer, y única hasta ahora, en asumir el cargo de Primera Ministra del Reino Unido. Polémica, controvertida, odiada y amada acaso a partes iguales, consiguió dos reelecciones y permanecer al frente del Gobierno Británico por once años, de 1979 a 1990, el periodo más largo que ningún otro Primer Ministro del Siglo XX.

            Es considerada por defensores y detractores como una “colosal figura política” por su influyente política exterior, con episodios tan destacados como la guerra de las Malvinas en 1982 contra Argentina y su política de oposición y franca enemistad con el bloque soviético, a quienes debe el apodo de “Dama de Hierro”. Solo la llegada al poder de Mijail Gorbachov en la URSS, le hizo variar esta dura oposición por un acercamiento y colaboración a cambio de reformas políticas.

            Procedía de una modesta familia de tenderos y estudio en la Universidad de Oxford, pero con solo veinticinco años se presentó a un cargo público en las filas del Partido Conservador, pero no fue hasta nueve años más tarde, en 1959, cuando obtuvo por primera vez su escaño en la Cámara de los Comunes, que no abandonó hasta 1992.

            Fue Ministra de Educación en 1970, con Edward Heath, a quien derrotó cuatro años más tarde, perdido el poder en las elecciones generales, en el congreso de los “tories”, y de ahí a la victoria en las generales de 1979.

            En 1981, los presos del IRA realizaron una huelga de hambre en demanda del estatus de presos políticos, que Margaret Thatcher les negó, acabando este episodio con la muerte de diez terroristas. El IRA atentó contra ella en 1984 en Brighton, durante una cumbre del Partido Conservador, en el que murieron cinco personas, pero la Primera Ministra salió ilesa, lo que de ninguna manera le hizo variar sus posiciones políticas respecto al Úlster.

            Su política interna férreamente liberal no desmereció de su apodo. Desde el inicio de su mandato puso en marcha una profunda transformación del Reino Unido, privatizando los transportas públicos y la industria estatal, reformó los sindicatos despojándolos de privilegios, redujo los impuestos estatales, pero impuso el famoso “poll tax”, un impuesto local que originó fuertes disturbios sociales.

            Con drásticos recortes en el gasto público, consiguió reducir el deficit, pero originó un considerable aumento del paro, contestado con continuas huelgas por los sindicatos, la más duradera, la de los mineros de 1984-85, de un año, supuso el cierre de 20 cuencas mineras estatales y el despido de 20.000 trabajadores.

            Tras dos reelecciones, la oposición interna de una parte importante de su partido la obligó a dimitir en noviembre de 1990, sucediéndole John Major.

            Una vida entera dedicada a la política, fiel a sus ideas conservadoras, firme en sus decisiones, acertadas o no, ha pasado a la historia acompañada de su apodo de “Dama de Hierro” y su muerte ha reproducido las encendidas alabanzas de sus seguidores y el desprecio de quienes sufrieron las consecuencias negativas de sus decisiones.  

            No puede aspirar un político a contentar a todos, a decir si a las peticiones que se le formulan, vengan de donde vengan, y a no tomar decisiones comprometidas y difíciles y, naturalmente, a crearse enemigos de dentro y de fuera.

            No puede un político en el ejercicio del poder cambiar constantemente de criterios, emprender y abandonar a medio camino lo emprendido para, a la menor dificultad, volverse atrás.

            Se requiere convicción en sus programas, exposición clara de sus ideas,  firmeza en sus decisiones. Programas, ideas y decisiones que han logrado atraer a sus votantes y le han otorgado la posibilidad de realizarlas. No actuar conforme se prometió es traicionar la confianza de sus conciudadanos y, llegada esa situación, no importa cuando, y como le ocurrió a la Dama de Hierro en 1990, es llegado el momento de marcharse, dimitir, dejar el sitio.

Unos pueden tardar once años en llegar a esa coyuntura, otros apenas uno.

sábado, 13 de abril de 2013

JUSTICIA SOCIAL Y CARIDAD

Publicado en el Diario de Cádiz el sábado 13 de abril de 2013

 


EN las actuales circunstancias económicas hay quien se pierde en debates estériles sobre si lo que el país necesita es justicia social, solidaridad o caridad cristiana, cuando realmente lo que importa a quienes no tienen cubiertas sus necesidades básicas es que alguien resuelva su situación. La justicia social, es decir, el reparto equitativo de la riqueza que genera un país, (si los dirigentes políticos fueran capaces y pusieran en ello su empeño), eliminaría las bolsas de pobreza y lograría hacer extensivo a todos sus ciudadanos el estado de bienestar, no haciendo necesarias otras formas de asistencia.

Lo que sucede es que ni los Gobiernos son capaces, ni son esas sus prioridades, y menos, naturalmente, en plena penuria económica, lo que propicia la aparición de organizaciones civiles cuyo trabajo consiste en aliviar las situaciones de extrema pobreza que sufren seres humanos en el mundo.

Organizaciones no gubernamentales de todo tipo, desde médicos a bomberos, se unen para prestar importantes, vitales, servicios a sus semejantes, desplazándose a cualquier lugar donde se les necesita. Aportan su tiempo, su ayuda económica, sus conocimientos y experiencias a favor de los más necesitados en un gesto de solidaridad, compasión y conmiseración, los sentimientos más nobles del ser humano. Amar al prójimo como a uno mismo, como reflejo del Amor de Dios, es lo que definimos como caridad cristiana. Nace Caritas en 1897 en la ciudad alemana de Friburgo y tiene su fase más activa tras la Segunda Guerra Mundial. La iniciativa de la Iglesia Católica alemana se universaliza y llega a todos los rincones del mundo donde hay necesidades que atender.

Manos Unidas, Orfanatos, Hospitales y Centros Asistenciales, donde millones de excluidos sociales encuentran consuelo a sus dolencias, son también obra de la Caridad Cristiana. No entremos al trapo de quienes quieren desprestigiar a unos para ensalzar a otros. Todas estas acciones son plausibles, sea la motivación que sea, y en momentos como el actual, necesarias. Mejor empleemos esas energías en exigir al Gobierno que promueva y realice la auténtica justicia social, que le es propia.

domingo, 7 de abril de 2013

CORRUPCIÓN Y TRANSPARENCIA

                                                       
             La enorme cantidad de escándalos de corrupción que afecta a los políticos del país amenaza con dar el salto a otros estratos de la sociedad española. Un periodista con cierto reconocimiento público amenaza con desvelar más nombres implicados en uno de los asuntos que está siendo sometido al juicio público y a la espera de que la Justicia siquiera comience a detener y encarcelar, si procede, a los responsables.
            En este y en casi todos  los demás casos  de corrupción, la lentitud de la acción de la Justicia y la negativa de los responsables políticos a descubrir y depurar responsabilidades internas, lleva, indefectiblemente a la situación actual de juicios populares paralelos, amenazas de desvelar posibles implicados entre políticos, periodistas, banqueros…
            Vivimos en una continua amenaza de nuevas revelaciones que cada vez abarquen a más personajes, de más alta responsabilidad, más sorprendentes, de más  estamentos y colectivos sociales. No hay claridad ni transparencia en ninguno de estos procesos, ni en el que afecta a la Monarquía, ni los que se refieren a los dos partidos mayoritarios, a los partidos catalanes, a los sindicatos…
            La financiación de partidos políticos, sindicatos y patronal, en buena parte subvencionadas por los presupuestos del Estado, necesita una regulación y transparencia que no se da en nuestro país y origina situaciones de corrupción como las que estamos viviendo.
            Es exigible que nuestros políticos hagan un ejercicio de depuración de responsabilidades de manera urgente y publica para tratar de recuperar la credibilidad perdida. Una encuesta sobre intención de voto publicada hoy, indica que la suma de los votos obtenidos por el Partido Popular y el PSOE, no llegarían ni al cincuenta por ciento, lo que es el resultado de la caída en los índices de popularidad de estos dos partidos, desde la masiva aparición de casos de corrupción.
            O estos partidos proceden de forma inmediata a esa referida depuración y transparencia, o serán otros los que vendrán a ocupar ese vacío, y al decir otros podemos intuir una ascensión de los extremistas de uno u otro signo, de los populistas y demagogos, de líderes carismáticos erigidos en salvadores de la Patria…los peligros que acechan a nuestra democracia son muchos y de incalculables efectos.
            La calle es tomada un día tras otro por “indignados”, parados, anti-desahucios y colectivos más o menos numerosos, y más o menos violentos, cuya mas reciente versión son los llamados escraches o acoso personal en domicilios privados de políticos de derechas (cuando escribo este artículo, se desconoce que se haya producido un hecho semejante en Andalucía u otra comunidad donde gobiernen otros partidos), a veces incluso con la presencia de hijos menores del acosado, lo que implica  evidentes peligros para la integridad física de las personas.
            La progresión creciente de estos casos de corrupción, la falta de decisión de los colectivos afectados para la depuración ejemplar de responsabilidades, la lentitud de la justicia, las manifestaciones callejeras no exentas de violencia, y la cada vez más deteriorada situación económica, puede derivar en la aparición de líderes populistas de escasas garantías de equidad y valores morales que sean peores que lo que se pretende corregir. Para evitarlo, los partidos democráticos, sin pérdida de tiempo, deben acometer las reformas necesarias e imprescindibles  que den un vuelco a la situación o todos lo lamentaremos.